Ya ha pasado todo el día y me he molido las manos trabajando. Los platos brillan y su resplandor enceguece. Los pisos sin polvos, trapeados, son como espejos. Las ventanas no se ven de lo limpias que están (se los aseguro: casi atravieso una cuando llevaba la ropa al tendedero). Las piezas pulcras, como si nadie viviese aquí. La comida guardada, refrigerada, al dente para comer a su respectiva hora o antojo.
El orden que he logrado desde estos 12 años de mi vida siempre es el mismo, pero lo hago sin enojo. Sin padres que me cuidasen, me acostumbrado a ser como un mayordomo, esos que siguen ordenes. Pero lo hago sin desdeño porque… Disculpen, iré a abrir la puerta.
- Buenas noches, abuelita
- Buenas noches, ‘mijo
Sabias desiciones
Hace 11 años
